De Addis Abeba a Ciudad del Cabo (From Addis Ababa to Cape Town)


Reseña literaria: The Zanzibar Chest
November 24, 2011, 9:22 am
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En este viaje llevo un kindle conmigo, así que he podido planear qué libros quiero leer durante los próximos meses. Anteriormente podía llevarme uno o dos conmigo, y durante el viaje confiaba en encontrar otros. Algunos de ellos fueron grandes hallazgos, como Cien Años de Soledad que leí en Guatemala. Otros no tanto, como La Insoportable Levedad del Ser que empecé en Ciudad de México y tuve que dejar por lo incongruente que era la tristeza del libro con la alegría a mi alrededor.

En esta ocasión he recurrido a Amazon y a los foros de Lonely Planet para cargar el kindle con libros de autores keniatas, ugandeses y sudafricanos, y los libros que no he encontrado en formato digital me los estoy leyendo en papel antes de ir. Hoy quiero escribir una reseña de The Zanzibar Chest, de Aidan Hartley (El cofre de Zanzíbar).

The Zanzibar Chest, por Aidan Hartley

The Zanzibar Chest, por Aidan Hartley

Aidan Hartley nació en Nairobi de padres ingleses. Su padre trabajó para el Gobierno del Reino Unido modernizando la agricultura y ganaderia de Tanzania hasta la independencia del país. Posteriormente trabajó como granjero en Tanzania y Kenya el tiempo que le dejaron hasta que los movimientos anticoloniales le expropiaron la tierra. Por último fué empleado en Kenya, Zanzibar y Etiopia como consejero agrícola para los gobiernos de esos países, siempre viajando por terrenos tribales y viviendo con pocas de las comodidades que estamos acostumbrados, y casi siempre lejos de su familia.

Aidan creció a la sombra de su aventurero padre, viajando de un país africano a otro. Con la edad escolar emigró con su madre y sus hermanos a Inglaterra, país con el que no sentía ninguna conexión habiendo nacido en Kenya y vivido en África toda su vida. Aún teniendo sangre británica su opinión de la isla no es muy diferente de la que tenía yo: Fría, lluviosa, claustrofóbica.

Tras graduarse en periodismo volvió a África, donde trabajó principalmente en Dar Es Salaam, Nairobi y Mogadishu. En la problemática Somalia es donde transcurre la mayor parte del libro, describiendo mil y una situaciones comprometidas, personajes pintorescos, borracheras memorables, y una vida con pocas de las cosas que consideramos normales, y poco deseo de buscarlas.

La autobiografía de Aidan es una búsqueda de su propia identidad, como británico, o como africano, y del ansia de aventura que consume, a menudo hasta la muerte, a la muchos de los periodistas de guerra que, como él, ven poco sentido a una vida sedentaria.

Una de las cosas que hacen el libro un placer es el humor, y el amor, con el que habla de África y de las gentes que lo habitan. No por ello pinta nada de rosa, y la brutalidad de los últimos veinte años en Somalia y del genocidio de Ruanda que vivió personalmente, se refleja fielmente con detalles de una crudeza brutal.

El relato de lugares y gentes maravillosas generalmente es sucedido por el modo que fueron destruidas o murieron, y aún así Aidan es capaz de llenar al lector de esperanza y de transmitir la idea de que África es capaz de renovarse y de reinventarse mucho más rápido de lo que hasta ahora unos y otros han sido capaces de destruir.

Merecen especial mención las pocas fotos incluidas en el libro, de las que he incluido dos.

Foto de Aidan Hartley en en despacho de Mengistu

Foto de Aidan Hartley en en despacho de Mengistu

En la primera de ellas se ve a Aidan y a otros dos periodistas con dos guerrilleros etíopes el día de la caida del régimen comunista. Se encuentran en el despacho de Mengistu Haile Mariam, el dictador comunista líder del Derg, y si os fijais en las fotos del fondo se puede ver una de Fidel Castro dandole una palmada en la espalda a un muy sonriente Mengistu. Por alguna razón me encanta esa foto.

Carlos Mavroleon in Mogadishu

Carlos Mavroleon in Mogadishu

La segunda foto es de uno de los amigos de Aidan, el periodista Carlos Mavroleon. Se le ve caminar en Mogadishu, con expresión de estar agobiado por el calor, peso, o el cansancio, como un obrero que ha estado cargando sacos de cemento toda la mañana. No parece tener ningún miedo, lo cual choca con todas las armas que carga y con el enorme vehículo blindado detrás. Menudo fiestero.

Como conclusión, el libro me pareció buenísimo, aunque un poco gore para la mayor parte de la gente, sobre todo la parte de Ruanda. No trata mucho de las zonas por las que voy a pasar, por desgracia, aunque me da incluso más razones para pasar tan lejos de Somalia como pueda.

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